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Teniendo en cuenta la propuesta de letramento y multialfabetizaciones para la enseñanza de Lenguas Extranjeras de las OCEM son válidas las siguientes afirmaciones a la excepción de

A hay otras formas de producción y circulación de la información y del conocimiento.
B la multimodalidad requiere otras habilidades de lectura, interpretación y comunicación.
C la propuesta prevé trabajar el lenguaje desarrollando los modos culturales de ver, describir, explicar.
D la necesidad del desarrollo de capacidad crítica es importante como herramienta de lo que es útil al interlocutor y para la interacción en sociedade.
E la escuela es el sitio de aprender sólo el conocimiento tradicional.
Texto associado
Texto 4A1-I La revista Gourmet describe a Lima como la “próxima parada” de la gastronomía sofisticada, mientras que Food & Wine promueve la cocina del Perú como de primera clase. Hoy turistas viajan a menudo a Lima para “saborear un poco del Perú” o, como una página web anuncia, para experimentar “un viaje culinario a la tierra de los Incas”. Por supuesto, estos aventureros culinarios demandan el paquete completo de seducción y belleza junto a la tradición y autenticidad peruana. En este sentido, la cocina novoandina es una versión exportable y refinada de lo que previamente se consideraba local y atrasado. En una entrevista con Gourmet, un amigo de la infancia del chef Gastón Acurio comenta: “Cuando era chico, si comías cuy eras un salvaje”. El desarrollo de platos tradicionales “alternativos” ha sido una estrategia fundamental para transformar la cocina desde lo “salvaje” hacia lo “sofisticado”. Puede que los turistas de alto nivel quieran probar el cuy, por ejemplo, pero preparado a la manera tradicional y servido con todo y ojos, dientes, uñas e incluso con un poco de pelo carbonizado, quizás no les apetezca a ciertos turistas europeos y norteamericanos. Por esta razón, Acurio y otros chefs crean recetas que mantienen los ingredientes exóticos y tradicionales, pero haciendo invisibles esos componentes. Servir raviolis rellenos de carne de cuy, por ejemplo, permite a los turistas probar este animal tradicional sin tener que verlo. De este modo, también se enfatiza la “hermosa fusión”. Animadamente, Acurio presenta al Perú como un ejemplo de nación en la que la cocina ha desempeñado un papel mágico, equilibrado y consensuado. Tal afirmación es, por supuesto, demasiado buena para ser verdad. De hecho, una de las grandes habilidades de Acurio es hacer desaparecer los antagonismos históricos y políticos. Acurio promueve lo que él llama “una ética culinaria que va más allá del mero placer”. Insiste en que el movimiento gastronómico debe ser guiado por principios éticos que tengan en cuenta de dónde procede la comida y quién es el principal beneficiado de su consumo. Utilizando productos locales, elogiando a los productores indígenas y entrenando a nuevos chefs de origen humilde, Acurio combina ética y estética en el mismo plato: “La gastronomía y el hambre no van de la mano. Es inmoral disfrutar de un buen plato… cuando eres consciente de que el pescador que atrapó a tu divinamente cocinado pescado vive en una cabaña miserable y debe sobrevivir con casi nada”. El punto de vista indígena sobre estos avances culinarios se oye menos que el de los chefs . La organización indígena en el Perú que ha realizado un mayor esfuerzo en el área de la alimentación ha sido Chirapaq, el Centro de Culturas Indígenas del Perú. Hace unos años hablé con varios activistas indígenas y cuando le pregunté a Nelson, uno de ellos, sobre la labor de Chirapaq en relación al derecho soberano sobre la comida y al boom gastronómico, Nelson sonrió, diciendo que le sorprendía mi pregunta, ya que el boom “va contra todo lo que hacemos”. Una mirada crítica al boom de la cocina peruana. Internet: (con adaptaciones).

En el texto 4A1-I, en cuanto a su posición ante este boom gastronómico, la comunidad indígena

A alaba las decisiones tomadas por estos chefs.
B tiene el mismo poder de decisión que el de estos chefs.
C tiene su propio boom gastronómico, al margen de estos chefs.
D lamenta no haber podido colaborar más activamente con este movimiento.
E considera que este movimiento gastronómico va en el sentido opuesto a lo ellos defienden.
Texto associado
Texto 4A1-II Siempre me ha llamado la atención la tendencia que tenemos los seres humanos a etiquetar, clasificar, poner a andar nuestros prejuicios antes de comprender al otro, escucharlo en su condición de otro. En cierto modo podrí-a decir que la escritura es el camino que encontré para intentar desarticular en mí los prejuicios que me asaltan con respecto a personas o asuntos, porque escribir (lo mismo que leer) es mirar intensamente y seguir en su transformación a un personaje en un camino que no sabemos hacia dónde nos llevará. Hace ya muchos años coordiné talleres de lectura con chicos encarcelados, un grupo de menores de entre 9 y 17 años. Mi mayor preocupación era encontrar algún tipo de literatura que les interesara. Me decidí por cuentos fuertes, donde aparecieran la pobreza y la violencia, porque me parecí-a que si ellos habían vivido esas experiencias, sus intereses serian bien diferentes de los de otros niños y jóvenes de esa edad. Era sin dudas un prejuicio. No funcionó. Y así seguí de un material a otro, a los tumbos, durante meses, hasta que un día descubrimos ellos y yo, de modo completamente azaroso, un punto de encuentro: los cuentos maravillosos. Maravillosos cuentos de amor entre príncipes y princesas. En el mismo sentido, otra experiencia, más reciente, en una escuela a la que fui invitada como escritora. Una escuela primaria, pública, en la que una docente muy entusiasta realiza un proyecto de lectura que incluye un diario de lector que los alumnos de quinto y sexto llevan durante los dos años que transitan con ella. La escena que nos compete: más de 60 alumnos sentados en el suelo, y yo frente a ellos en una silla, dispuestos todos a comenzar el diálogo. Me sorprenden los chicos, muy inquietos, pero especialmente uno de ellos, que pregunta cuestiones muy precisas sobre los libros. Es menudo, morocho, gracioso y tiene una trencita roja muy fina colgándole del pelo, supe después que tenía 11 años y que en algún momento había repetido curso. Me pregunta especialmente sobre uno de mis libros, El caballo de Chuang Tzu ; cuando indago dice que trabaja para un señor que alquila caballos a los turistas. Le regalé un libro, un poco aparte, en secreto, porque no tenía libros para todos. Después, cuando el encuentro terminó, me quedé hablando con la vicedirectora, quien se lamentó por el niño que vení-a de una familia con muchos problemas y que por esa razón no aprendía. ¿No aprende?, pregunté sorprendida, ella contestó que el problema era la escritura, leer sí, pero tiene muchos problemas para escribir, y todo terminó en la palabra: pobrecito. Me pareció que un chico que era capaz de leer con entusiasmo, de relacionar lo que había leído con cuestiones de su vida, de hablar con soltura con la escritora que llegaba a la escuela, un chico que tenía esa vivacidad en la mirada, no merecía el adjetivo de pobrecito. Seguramente así lo comprendió la maestra, que cuando nos despedíamos me dijo: tiene tanto entusiasmo que cuando no viene lo extraño. Faltaba mucho, pero cuando le dije que lo extrañaba empezó a venir, fue como mágico. ¿De quién y para quién es un libro? Revista Cuatro Gatos. Internet: (con adaptaciones).

De acuerdo con el texto 4A1-II, el acto de escribir es

A la fascinación de controlar la vida del otro.
B una labor transformadora que puede eliminar ideas preexistentes.
C poder controlar la vida de los personajes.
D la posibilidad de asumir escrúpulos que uno tiene consigo mismo.
E el poder que otorga manipular los personajes a nuestro antojo.
Texto associado
Texto 4A1-II Siempre me ha llamado la atención la tendencia que tenemos los seres humanos a etiquetar, clasificar, poner a andar nuestros prejuicios antes de comprender al otro, escucharlo en su condición de otro. En cierto modo podrí-a decir que la escritura es el camino que encontré para intentar desarticular en mí los prejuicios que me asaltan con respecto a personas o asuntos, porque escribir (lo mismo que leer) es mirar intensamente y seguir en su transformación a un personaje en un camino que no sabemos hacia dónde nos llevará. Hace ya muchos años coordiné talleres de lectura con chicos encarcelados, un grupo de menores de entre 9 y 17 años. Mi mayor preocupación era encontrar algún tipo de literatura que les interesara. Me decidí por cuentos fuertes, donde aparecieran la pobreza y la violencia, porque me parecí-a que si ellos habían vivido esas experiencias, sus intereses serian bien diferentes de los de otros niños y jóvenes de esa edad. Era sin dudas un prejuicio. No funcionó. Y así seguí de un material a otro, a los tumbos, durante meses, hasta que un día descubrimos ellos y yo, de modo completamente azaroso, un punto de encuentro: los cuentos maravillosos. Maravillosos cuentos de amor entre príncipes y princesas. En el mismo sentido, otra experiencia, más reciente, en una escuela a la que fui invitada como escritora. Una escuela primaria, pública, en la que una docente muy entusiasta realiza un proyecto de lectura que incluye un diario de lector que los alumnos de quinto y sexto llevan durante los dos años que transitan con ella. La escena que nos compete: más de 60 alumnos sentados en el suelo, y yo frente a ellos en una silla, dispuestos todos a comenzar el diálogo. Me sorprenden los chicos, muy inquietos, pero especialmente uno de ellos, que pregunta cuestiones muy precisas sobre los libros. Es menudo, morocho, gracioso y tiene una trencita roja muy fina colgándole del pelo, supe después que tenía 11 años y que en algún momento había repetido curso. Me pregunta especialmente sobre uno de mis libros, El caballo de Chuang Tzu ; cuando indago dice que trabaja para un señor que alquila caballos a los turistas. Le regalé un libro, un poco aparte, en secreto, porque no tenía libros para todos. Después, cuando el encuentro terminó, me quedé hablando con la vicedirectora, quien se lamentó por el niño que vení-a de una familia con muchos problemas y que por esa razón no aprendía. ¿No aprende?, pregunté sorprendida, ella contestó que el problema era la escritura, leer sí, pero tiene muchos problemas para escribir, y todo terminó en la palabra: pobrecito. Me pareció que un chico que era capaz de leer con entusiasmo, de relacionar lo que había leído con cuestiones de su vida, de hablar con soltura con la escritora que llegaba a la escuela, un chico que tenía esa vivacidad en la mirada, no merecía el adjetivo de pobrecito. Seguramente así lo comprendió la maestra, que cuando nos despedíamos me dijo: tiene tanto entusiasmo que cuando no viene lo extraño. Faltaba mucho, pero cuando le dije que lo extrañaba empezó a venir, fue como mágico. ¿De quién y para quién es un libro? Revista Cuatro Gatos. Internet: (con adaptaciones).

En el texto 4A1-II, en su primer relato sobre un taller de lectura, la autora narra su experiencia con jóvenes

A huérfanos en situación de abandono.
B autodidactas pese a la pobreza.
C privados de libertad.
D refugiados en casas de acogida.
E amantes de la literatura.
Texto associado
Texto 4A1-II Siempre me ha llamado la atención la tendencia que tenemos los seres humanos a etiquetar, clasificar, poner a andar nuestros prejuicios antes de comprender al otro, escucharlo en su condición de otro. En cierto modo podrí-a decir que la escritura es el camino que encontré para intentar desarticular en mí los prejuicios que me asaltan con respecto a personas o asuntos, porque escribir (lo mismo que leer) es mirar intensamente y seguir en su transformación a un personaje en un camino que no sabemos hacia dónde nos llevará. Hace ya muchos años coordiné talleres de lectura con chicos encarcelados, un grupo de menores de entre 9 y 17 años. Mi mayor preocupación era encontrar algún tipo de literatura que les interesara. Me decidí por cuentos fuertes, donde aparecieran la pobreza y la violencia, porque me parecí-a que si ellos habían vivido esas experiencias, sus intereses serian bien diferentes de los de otros niños y jóvenes de esa edad. Era sin dudas un prejuicio. No funcionó. Y así seguí de un material a otro, a los tumbos, durante meses, hasta que un día descubrimos ellos y yo, de modo completamente azaroso, un punto de encuentro: los cuentos maravillosos. Maravillosos cuentos de amor entre príncipes y princesas. En el mismo sentido, otra experiencia, más reciente, en una escuela a la que fui invitada como escritora. Una escuela primaria, pública, en la que una docente muy entusiasta realiza un proyecto de lectura que incluye un diario de lector que los alumnos de quinto y sexto llevan durante los dos años que transitan con ella. La escena que nos compete: más de 60 alumnos sentados en el suelo, y yo frente a ellos en una silla, dispuestos todos a comenzar el diálogo. Me sorprenden los chicos, muy inquietos, pero especialmente uno de ellos, que pregunta cuestiones muy precisas sobre los libros. Es menudo, morocho, gracioso y tiene una trencita roja muy fina colgándole del pelo, supe después que tenía 11 años y que en algún momento había repetido curso. Me pregunta especialmente sobre uno de mis libros, El caballo de Chuang Tzu ; cuando indago dice que trabaja para un señor que alquila caballos a los turistas. Le regalé un libro, un poco aparte, en secreto, porque no tenía libros para todos. Después, cuando el encuentro terminó, me quedé hablando con la vicedirectora, quien se lamentó por el niño que vení-a de una familia con muchos problemas y que por esa razón no aprendía. ¿No aprende?, pregunté sorprendida, ella contestó que el problema era la escritura, leer sí, pero tiene muchos problemas para escribir, y todo terminó en la palabra: pobrecito. Me pareció que un chico que era capaz de leer con entusiasmo, de relacionar lo que había leído con cuestiones de su vida, de hablar con soltura con la escritora que llegaba a la escuela, un chico que tenía esa vivacidad en la mirada, no merecía el adjetivo de pobrecito. Seguramente así lo comprendió la maestra, que cuando nos despedíamos me dijo: tiene tanto entusiasmo que cuando no viene lo extraño. Faltaba mucho, pero cuando le dije que lo extrañaba empezó a venir, fue como mágico. ¿De quién y para quién es un libro? Revista Cuatro Gatos. Internet: (con adaptaciones).

En el texto 4A1-II, en la primera experiencia relatada por la autora, se puede observar que los jóvenes expuestos a un ambiente pobre y violento

A manifiestan una preferencia por narrativas violentas.
B demuestran tener un gusto literario distinto al de los demás chicos de su edad.
C tienen ideas preestablecidas sobre la vida en una sociedad violenta y desigual.
D se inclinan por géneros literarios realistas.
E prefieren relatos sobre una realidad distinta de la que han vivido.
Texto associado
Texto 4A1-II Siempre me ha llamado la atención la tendencia que tenemos los seres humanos a etiquetar, clasificar, poner a andar nuestros prejuicios antes de comprender al otro, escucharlo en su condición de otro. En cierto modo podrí-a decir que la escritura es el camino que encontré para intentar desarticular en mí los prejuicios que me asaltan con respecto a personas o asuntos, porque escribir (lo mismo que leer) es mirar intensamente y seguir en su transformación a un personaje en un camino que no sabemos hacia dónde nos llevará. Hace ya muchos años coordiné talleres de lectura con chicos encarcelados, un grupo de menores de entre 9 y 17 años. Mi mayor preocupación era encontrar algún tipo de literatura que les interesara. Me decidí por cuentos fuertes, donde aparecieran la pobreza y la violencia, porque me parecí-a que si ellos habían vivido esas experiencias, sus intereses serian bien diferentes de los de otros niños y jóvenes de esa edad. Era sin dudas un prejuicio. No funcionó. Y así seguí de un material a otro, a los tumbos, durante meses, hasta que un día descubrimos ellos y yo, de modo completamente azaroso, un punto de encuentro: los cuentos maravillosos. Maravillosos cuentos de amor entre príncipes y princesas. En el mismo sentido, otra experiencia, más reciente, en una escuela a la que fui invitada como escritora. Una escuela primaria, pública, en la que una docente muy entusiasta realiza un proyecto de lectura que incluye un diario de lector que los alumnos de quinto y sexto llevan durante los dos años que transitan con ella. La escena que nos compete: más de 60 alumnos sentados en el suelo, y yo frente a ellos en una silla, dispuestos todos a comenzar el diálogo. Me sorprenden los chicos, muy inquietos, pero especialmente uno de ellos, que pregunta cuestiones muy precisas sobre los libros. Es menudo, morocho, gracioso y tiene una trencita roja muy fina colgándole del pelo, supe después que tenía 11 años y que en algún momento había repetido curso. Me pregunta especialmente sobre uno de mis libros, El caballo de Chuang Tzu ; cuando indago dice que trabaja para un señor que alquila caballos a los turistas. Le regalé un libro, un poco aparte, en secreto, porque no tenía libros para todos. Después, cuando el encuentro terminó, me quedé hablando con la vicedirectora, quien se lamentó por el niño que vení-a de una familia con muchos problemas y que por esa razón no aprendía. ¿No aprende?, pregunté sorprendida, ella contestó que el problema era la escritura, leer sí, pero tiene muchos problemas para escribir, y todo terminó en la palabra: pobrecito. Me pareció que un chico que era capaz de leer con entusiasmo, de relacionar lo que había leído con cuestiones de su vida, de hablar con soltura con la escritora que llegaba a la escuela, un chico que tenía esa vivacidad en la mirada, no merecía el adjetivo de pobrecito. Seguramente así lo comprendió la maestra, que cuando nos despedíamos me dijo: tiene tanto entusiasmo que cuando no viene lo extraño. Faltaba mucho, pero cuando le dije que lo extrañaba empezó a venir, fue como mágico. ¿De quién y para quién es un libro? Revista Cuatro Gatos. Internet: (con adaptaciones).

De acuerdo con el texto 4A1-II, el proyecto de la escuela primaria es obra

A de la vicedirectora.
B del colegio.
C de la escritora.
D de la profesora.
E del alumnado.
Texto associado
Texto 4A1-II Siempre me ha llamado la atención la tendencia que tenemos los seres humanos a etiquetar, clasificar, poner a andar nuestros prejuicios antes de comprender al otro, escucharlo en su condición de otro. En cierto modo podrí-a decir que la escritura es el camino que encontré para intentar desarticular en mí los prejuicios que me asaltan con respecto a personas o asuntos, porque escribir (lo mismo que leer) es mirar intensamente y seguir en su transformación a un personaje en un camino que no sabemos hacia dónde nos llevará. Hace ya muchos años coordiné talleres de lectura con chicos encarcelados, un grupo de menores de entre 9 y 17 años. Mi mayor preocupación era encontrar algún tipo de literatura que les interesara. Me decidí por cuentos fuertes, donde aparecieran la pobreza y la violencia, porque me parecí-a que si ellos habían vivido esas experiencias, sus intereses serian bien diferentes de los de otros niños y jóvenes de esa edad. Era sin dudas un prejuicio. No funcionó. Y así seguí de un material a otro, a los tumbos, durante meses, hasta que un día descubrimos ellos y yo, de modo completamente azaroso, un punto de encuentro: los cuentos maravillosos. Maravillosos cuentos de amor entre príncipes y princesas. En el mismo sentido, otra experiencia, más reciente, en una escuela a la que fui invitada como escritora. Una escuela primaria, pública, en la que una docente muy entusiasta realiza un proyecto de lectura que incluye un diario de lector que los alumnos de quinto y sexto llevan durante los dos años que transitan con ella. La escena que nos compete: más de 60 alumnos sentados en el suelo, y yo frente a ellos en una silla, dispuestos todos a comenzar el diálogo. Me sorprenden los chicos, muy inquietos, pero especialmente uno de ellos, que pregunta cuestiones muy precisas sobre los libros. Es menudo, morocho, gracioso y tiene una trencita roja muy fina colgándole del pelo, supe después que tenía 11 años y que en algún momento había repetido curso. Me pregunta especialmente sobre uno de mis libros, El caballo de Chuang Tzu ; cuando indago dice que trabaja para un señor que alquila caballos a los turistas. Le regalé un libro, un poco aparte, en secreto, porque no tenía libros para todos. Después, cuando el encuentro terminó, me quedé hablando con la vicedirectora, quien se lamentó por el niño que vení-a de una familia con muchos problemas y que por esa razón no aprendía. ¿No aprende?, pregunté sorprendida, ella contestó que el problema era la escritura, leer sí, pero tiene muchos problemas para escribir, y todo terminó en la palabra: pobrecito. Me pareció que un chico que era capaz de leer con entusiasmo, de relacionar lo que había leído con cuestiones de su vida, de hablar con soltura con la escritora que llegaba a la escuela, un chico que tenía esa vivacidad en la mirada, no merecía el adjetivo de pobrecito. Seguramente así lo comprendió la maestra, que cuando nos despedíamos me dijo: tiene tanto entusiasmo que cuando no viene lo extraño. Faltaba mucho, pero cuando le dije que lo extrañaba empezó a venir, fue como mágico. ¿De quién y para quién es un libro? Revista Cuatro Gatos. Internet: (con adaptaciones).

Según el texto 4A1-II, en la segunda experiencia, la autora se fija en un niño de once años que

A se dedica a la venta de caballos.
B presenta cierta dificultad para entender las historias.
C tiene una complexión delgada y es pelirrojo.
D sorprende por la opacidad de su mirada.
E cuenta con la complicidad de la profesora.
Texto associado
Texto 4A2-II El Festival de Otoño y el Teatro del Barrio de Madrid han ideado en tiempos de pandemia Teatro de guardia , en la que 24 actores y actrices recitan poemas o textos dramáticos a través del teléfono en un íntimo encuentro con un oyente único, a lo largo de los 18 días que dura el certamen. En total, se aceptarán 92 llamadas telefónicas (cuatro cada intérprete). Cuatro de ellas serán en formato de videollamada, las que corresponden a la actriz sorda Ángela Ibáñez, que interpretará en la lengua de signos el final de la obra de La casa de Bernarda Alba. El Festival de Otoño, está dirigido por el dramaturgo y poeta Alberto Conejero. Los encuentros serán de 15 minutos de duración y gratuitos. Habrá reservas en todos los turnos de llamadas para el personal sanitario, hospitalizados o personas mayores. Las entradas se pueden reservar en la página web del Teatro del Barrio. “Es un acto simbólico, pero de gran significado. Muy hermoso. Es una manera de mantener viva esa llama de la resistencia, de que se vea que seguimos contando historias sea como sea y en cualquier circunstancia”, explica Aitana Sánchez Gijón. “No habrá escenario ni contacto visual. Todo se jugará con la palabra y la imaginación”, añade Alberto San Juan. Fran Perea, Pepe Viyuela o Javier Cámara, que han pedido a Alberto Conejero que les aconseje en la elección de los textos, tienen claro que ese encuentro hará volar la imaginación del oyente y contribuirá a aliviar, de alguna manera, esta rutina tediosa a la que nos ha abocado el coronavirus. “El teatro estará así presente en la vida de las personas”, asegura Perea. Teatro de guardia… ¿dígame? Internet: (con adaptaciones).

El texto 4A2-II tiene como principal objetivo

A dar acceso al teatro, en tiempos de pandemia, al personal sanitario, a los hospitalizados o a las personas mayores.
B enseñar que el teatro sigue resistiendo y contando historias, aunque sea por teléfono.
C exponer la importancia de la inclusión de los sordos en el teatro y el arte.
D hacer que las personas se sientan aliviadas, de alguna manera, de la rutina fastidiosa que estamos viviendo.
E presentar al público el Teatro de guardia y cómo este funcionará.
Texto associado
Texto 4A2-II El Festival de Otoño y el Teatro del Barrio de Madrid han ideado en tiempos de pandemia Teatro de guardia , en la que 24 actores y actrices recitan poemas o textos dramáticos a través del teléfono en un íntimo encuentro con un oyente único, a lo largo de los 18 días que dura el certamen. En total, se aceptarán 92 llamadas telefónicas (cuatro cada intérprete). Cuatro de ellas serán en formato de videollamada, las que corresponden a la actriz sorda Ángela Ibáñez, que interpretará en la lengua de signos el final de la obra de La casa de Bernarda Alba. El Festival de Otoño, está dirigido por el dramaturgo y poeta Alberto Conejero. Los encuentros serán de 15 minutos de duración y gratuitos. Habrá reservas en todos los turnos de llamadas para el personal sanitario, hospitalizados o personas mayores. Las entradas se pueden reservar en la página web del Teatro del Barrio. “Es un acto simbólico, pero de gran significado. Muy hermoso. Es una manera de mantener viva esa llama de la resistencia, de que se vea que seguimos contando historias sea como sea y en cualquier circunstancia”, explica Aitana Sánchez Gijón. “No habrá escenario ni contacto visual. Todo se jugará con la palabra y la imaginación”, añade Alberto San Juan. Fran Perea, Pepe Viyuela o Javier Cámara, que han pedido a Alberto Conejero que les aconseje en la elección de los textos, tienen claro que ese encuentro hará volar la imaginación del oyente y contribuirá a aliviar, de alguna manera, esta rutina tediosa a la que nos ha abocado el coronavirus. “El teatro estará así presente en la vida de las personas”, asegura Perea. Teatro de guardia… ¿dígame? Internet: (con adaptaciones).

Señale la opción en que aparecen dos secuencias textuales encontradas en el texto 4A2-

II.

A narrativa y descriptiva
B argumentativa e imperativa
C explicativa y argumentativa
D imperativa y dialogal
E descriptiva y dialogal
Texto associado
Texto 4A2-II El Festival de Otoño y el Teatro del Barrio de Madrid han ideado en tiempos de pandemia Teatro de guardia , en la que 24 actores y actrices recitan poemas o textos dramáticos a través del teléfono en un íntimo encuentro con un oyente único, a lo largo de los 18 días que dura el certamen. En total, se aceptarán 92 llamadas telefónicas (cuatro cada intérprete). Cuatro de ellas serán en formato de videollamada, las que corresponden a la actriz sorda Ángela Ibáñez, que interpretará en la lengua de signos el final de la obra de La casa de Bernarda Alba. El Festival de Otoño, está dirigido por el dramaturgo y poeta Alberto Conejero. Los encuentros serán de 15 minutos de duración y gratuitos. Habrá reservas en todos los turnos de llamadas para el personal sanitario, hospitalizados o personas mayores. Las entradas se pueden reservar en la página web del Teatro del Barrio. “Es un acto simbólico, pero de gran significado. Muy hermoso. Es una manera de mantener viva esa llama de la resistencia, de que se vea que seguimos contando historias sea como sea y en cualquier circunstancia”, explica Aitana Sánchez Gijón. “No habrá escenario ni contacto visual. Todo se jugará con la palabra y la imaginación”, añade Alberto San Juan. Fran Perea, Pepe Viyuela o Javier Cámara, que han pedido a Alberto Conejero que les aconseje en la elección de los textos, tienen claro que ese encuentro hará volar la imaginación del oyente y contribuirá a aliviar, de alguna manera, esta rutina tediosa a la que nos ha abocado el coronavirus. “El teatro estará así presente en la vida de las personas”, asegura Perea. Teatro de guardia… ¿dígame? Internet: (con adaptaciones).

La variación lingüística es fundamental en el estudio del lenguaje y en el uso de la lengua. El español, así como otras lenguas, sufre distintas variaciones, no solo por el contexto conversacional, como por sus variantes geográficas o sociales. A esse respecto, se puede afirmar que el conjunto de rasgos propios de la forma de expresarse de un individuo se llama

A macrodialecto.
B idiolecto.
C dialecto.
D monolecto.
E macrolecto.