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Según Gómez Torrego

( 2005 ), una particularidad ortográfica propia del español frente a otras lenguas es la de que

A los corchetes se utilizan para unir componentes de palabras compuestas.
B con la raya se pueden encerrar o destacar citas textuales importantes.
C las expresiones interrogativas y exclamativas tienen signo de apertura.
D el punto y coma permite indicar que algo ha quedado incompleto o interrumpido.
E delante de los paréntesis es necesario colocar una coma.

En su reflexión sobre la enseñanza y el aprendizaje del imperativo en español por estudiantes brasileños, Castelano (en Bruno) llama la atención hacia la importancia de comprender que los materiales didácticos

A deben funcionar como objetos de conocimiento, a fin de que el alumno aprenda el metalenguaje.
B deben ser la guía de los cursos puesto que son responsables de determinar sus objetivos y las prácticas que se deben desarrollar en su interior.
C presentan deficiencias en la enseñanza del imperativo a brasileños porque están pensados para estudiantes europeos.
D son eficientes al tratar de diferentes usos del modo imperativo, sin identificarlo de forma restricta con la expresión de orden.
E deben funcionar como mediadores y facilitadores del proceso de enseñanza y aprendizaje.

Según Richards y Rodgers

( 2003 ), el final del siglo XIX experimentó un importante cambio en la visión de cómo se podía mejorar la enseñanza de las lenguas modernas. Uno de los puntos que pasaron a ser defendidos en este ámbito es

A la organización de los materiales en una gradación de simples a complejos.
B el estudio de la lengua escrita y el establecimiento de buenos hábitos de ortografía.
C un enfoque deductivo en la enseñanza de la gramática.
D la enseñanza de nuevos significados mediante el desarrollo de asociaciones en la lengua materna, prioritariamente.
E el uso de textos literarios para introducir frases y expresiones de la norma culta.

Al discutir el concepto de “competencia intercultural”, Kramsch

( 2017 ) resalta que este recibió un nuevo significado con el uso de la comunicación mediada por computadores (CMC). Desde el punto de vista de la autora, el uso creciente de la CMC para desarrollar la competencia comunicativa en L2 ha

A conducido a un aprovechamiento profundo de las diferencias culturales de los participantes de las conversaciones en línea.
B permitido la construcción de diferentes interpretaciones sobre eventos históricos propios de los países de origen de los participantes de las conversaciones en línea.
C abierto nuevas posibilidades de mejoramiento de dicha competencia, pero no se configura como un espacio de colaboración mutua.
D promovido una inmersión cultural de los participantes de las interacciones en línea con foco en la negociación de diferentes cosmovisiones.
E propiciado una reorientación del aprendizaje de lenguas, en la búsqueda de fluidez conversacional y la habilidad de conversar en línea.

Con respecto a los distintos enfoques y tipos de actividades de aprendizaje y de enseñanza, Richards y Rodgers

( 2003 ) afirman que

A la repetición es una técnica fundamental de la Enseñanza Comunicativa: los enunciados se repiten en voz alta sin que el alumno mire el texto escrito.
B el método Gramática y Traducción utiliza diálogos e intensa práctica de estructuras.
C el método Audiolingüístico utiliza actividades de resolución de problemas.
D la Enseñanza Comunicativa utiliza actividades con vacío y transferencia de información.
E la Enseñanza de Lenguas para Fines Específicos se centra en un enfoque basado en la lengua.
Texto associado
Lea el siguiente texto para responder la cuestione. Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes. Hasta no hace muchos años, procrastinación era una palabra que no conocía casi nadie fuera del ámbito de la psicología y otras disciplinas dedicadas a estudiar el comportamiento humano. En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad. Tal vez porque la vida moderna, tan cargada de distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores. Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios, el 20% de los adultos se autoperciben como procrastinadores crónicos, porcentaje que aumenta hasta el 50% en la población estudiantil. A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante”: la tendencia a comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado, y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés. Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes, como un aumento en el estrés y la ansiedad, bajo rendimiento escolar y laboral y el empeoramiento de algunas enfermedades. Así lo explica, por ejemplo, un artículo publicado en 2013 por investigadores canadienses. De acuerdo con los autores de este trabajo, además, las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo. Al contrario, su origen radica en problemas para la regulación de las emociones. “La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo”, explica el texto. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que – la propia persona lo sabe – deberá asumir su yo futuro. Científicos alemanes, en 2018, descubrieron que el origen de la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos dilatorios, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. Según este trabajo, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones, y debido a eso posponen su actividad. Todo lo cual viene a corroborar la idea de que no se trata de desgana ni de desorden en el manejo del tiempo: la clave de la procrastinación se halla en el control de las emociones. (https://www.eldiario.es)

El contenido general del texto responde a la pregunta

A “¿El tamaño de la amígdala es un indicativo fiable de que la persona padece de procrastinación?”.
B “¿Qué se entiende en la actualidad por el llamado “síndrome del estudiante”?”.
C “¿La procrastinación es un trastorno o solo un rasgo de la personalidad?”.
D “¿Cuál ha sido el aporte de los científicos alemanes a la comprensión de la procrastinación?”.
E “¿Por qué hoy en día se habla más de la procrastinación que antaño?”.
Texto associado
Lea el siguiente texto para responder la cuestione. Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes. Hasta no hace muchos años, procrastinación era una palabra que no conocía casi nadie fuera del ámbito de la psicología y otras disciplinas dedicadas a estudiar el comportamiento humano. En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad. Tal vez porque la vida moderna, tan cargada de distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores. Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios, el 20% de los adultos se autoperciben como procrastinadores crónicos, porcentaje que aumenta hasta el 50% en la población estudiantil. A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante”: la tendencia a comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado, y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés. Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes, como un aumento en el estrés y la ansiedad, bajo rendimiento escolar y laboral y el empeoramiento de algunas enfermedades. Así lo explica, por ejemplo, un artículo publicado en 2013 por investigadores canadienses. De acuerdo con los autores de este trabajo, además, las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo. Al contrario, su origen radica en problemas para la regulación de las emociones. “La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo”, explica el texto. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que – la propia persona lo sabe – deberá asumir su yo futuro. Científicos alemanes, en 2018, descubrieron que el origen de la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos dilatorios, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. Según este trabajo, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones, y debido a eso posponen su actividad. Todo lo cual viene a corroborar la idea de que no se trata de desgana ni de desorden en el manejo del tiempo: la clave de la procrastinación se halla en el control de las emociones. (https://www.eldiario.es)

El fragmento en el que es posible encontrar una locución de tipo verbal es

A “Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios (…)” (párrafo 2).
B “(…) la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles (…)” (párrafo 4).
C “(…) se impone por sobre las consecuencias negativas (…)” (párrafo 3).
D “(…) dedicadas a estudiar el comportamiento humano.” (párrafo 1).
E “Todo lo cual viene a corroborar la idea (…)” (párrafo 4).
Texto associado
Lea el siguiente texto para responder la cuestione. Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes. Hasta no hace muchos años, procrastinación era una palabra que no conocía casi nadie fuera del ámbito de la psicología y otras disciplinas dedicadas a estudiar el comportamiento humano. En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad. Tal vez porque la vida moderna, tan cargada de distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores. Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios, el 20% de los adultos se autoperciben como procrastinadores crónicos, porcentaje que aumenta hasta el 50% en la población estudiantil. A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante”: la tendencia a comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado, y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés. Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes, como un aumento en el estrés y la ansiedad, bajo rendimiento escolar y laboral y el empeoramiento de algunas enfermedades. Así lo explica, por ejemplo, un artículo publicado en 2013 por investigadores canadienses. De acuerdo con los autores de este trabajo, además, las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo. Al contrario, su origen radica en problemas para la regulación de las emociones. “La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo”, explica el texto. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que – la propia persona lo sabe – deberá asumir su yo futuro. Científicos alemanes, en 2018, descubrieron que el origen de la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos dilatorios, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. Según este trabajo, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones, y debido a eso posponen su actividad. Todo lo cual viene a corroborar la idea de que no se trata de desgana ni de desorden en el manejo del tiempo: la clave de la procrastinación se halla en el control de las emociones. (https://www.eldiario.es)

Desde el punto de vista sintáctico, el fragmento “(…) las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo.” (párrafo 3) se caracteriza por contener un ejemplo de

A verbo bipersonal.
B duplicación del complemento directo.
C sustantivos en aposición.
D complemento indireto con pronombre átono.
E complemento de régimen.
Texto associado
Lea el siguiente texto para responder la cuestione. Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes. Hasta no hace muchos años, procrastinación era una palabra que no conocía casi nadie fuera del ámbito de la psicología y otras disciplinas dedicadas a estudiar el comportamiento humano. En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad. Tal vez porque la vida moderna, tan cargada de distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores. Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios, el 20% de los adultos se autoperciben como procrastinadores crónicos, porcentaje que aumenta hasta el 50% en la población estudiantil. A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante”: la tendencia a comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado, y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés. Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes, como un aumento en el estrés y la ansiedad, bajo rendimiento escolar y laboral y el empeoramiento de algunas enfermedades. Así lo explica, por ejemplo, un artículo publicado en 2013 por investigadores canadienses. De acuerdo con los autores de este trabajo, además, las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo. Al contrario, su origen radica en problemas para la regulación de las emociones. “La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo”, explica el texto. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que – la propia persona lo sabe – deberá asumir su yo futuro. Científicos alemanes, en 2018, descubrieron que el origen de la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos dilatorios, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. Según este trabajo, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones, y debido a eso posponen su actividad. Todo lo cual viene a corroborar la idea de que no se trata de desgana ni de desorden en el manejo del tiempo: la clave de la procrastinación se halla en el control de las emociones. (https://www.eldiario.es)

La secuencia que contiene dos palabras que se distinguen del portugués por la posición de su sílaba tónica es

A “(...) estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación.” (párrafo 4).
B “(...) los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes (...)” (párrafo 3).
C “En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad.” (párrafo 1).
D “A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante” (…)” (párrafo 2).
E “(...) estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones (...)” (párrafo 4).
Texto associado
Lea el siguiente texto para responder la cuestione. Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes. Hasta no hace muchos años, procrastinación era una palabra que no conocía casi nadie fuera del ámbito de la psicología y otras disciplinas dedicadas a estudiar el comportamiento humano. En los últimos años, sin embargo, se ha difundido a gran velocidad. Tal vez porque la vida moderna, tan cargada de distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores. Es necesario tener en cuenta que, según diversos estudios, el 20% de los adultos se autoperciben como procrastinadores crónicos, porcentaje que aumenta hasta el 50% en la población estudiantil. A tal punto que muchos trabajos aluden al llamado “síndrome del estudiante”: la tendencia a comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado, y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés. Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas más importantes, como un aumento en el estrés y la ansiedad, bajo rendimiento escolar y laboral y el empeoramiento de algunas enfermedades. Así lo explica, por ejemplo, un artículo publicado en 2013 por investigadores canadienses. De acuerdo con los autores de este trabajo, además, las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo. Al contrario, su origen radica en problemas para la regulación de las emociones. “La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo”, explica el texto. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que – la propia persona lo sabe – deberá asumir su yo futuro. Científicos alemanes, en 2018, descubrieron que el origen de la procrastinación podría hallarse en unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos dilatorios, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. Según este trabajo, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones, y debido a eso posponen su actividad. Todo lo cual viene a corroborar la idea de que no se trata de desgana ni de desorden en el manejo del tiempo: la clave de la procrastinación se halla en el control de las emociones. (https://www.eldiario.es)

Cuando se menciona que la procrastinación “no se trata de desgana” (párrafo 4), se quiere decir que se debe evitar entenderla como un acto de

A inquietud.
B imprudencia.
C disgusto.
D insensatez.
E apatía.